Que ver en Akureyri y Reykholt

Desde Goddafoss hasta un camping perdido en medio de la nada, donde pudimos ver las Auroras boreales, aquí te lo cuento todo.

Resumen Ruta:

Myvatn – Godafoss – Akureyri – Reykholt

Ruta recomendada

  • Solo sugiero seguir la Ring road hasta Reykholt.

Donde dormir en Reykholt

Este camping fue el único que encontramos abierto después de dar muchas vueltas, por lo menos tenía agua caliente

Zero Waste Tips

  • Rellena tu botella en las zonas de información, no tengas miedo aunque huela un poco a azufre
  • Lo mejor es ser previsor y llevar tu kit zero waste 

Nuestra aventura hacia Reykholt

Ese día, nos levantamos de madrugada y nos fuimos a explorar el lago por un camino que llevaba a una de las calderas, pero pronto regresamos a la camper porque teníamos mucho frío.

Godafoss

La primera parada fue la cascada. Es una de las más místicas de Islandia y donde se decidió que los vikingos se convertirían al cristianismo y abandonarían la religión pagana de los dioses nórdico. El nombre fue dado tras arrojar los iconos religiosos a esta cascada. Estaba muy nevado y nos pusimos a construir un aparatoso muñeco de nieve, que parecía sacado del Guernica de Picasso.

Akureyri

Cuando volvimos a la carretera, estábamos (como no) congelados. Ese día hizo tanto frío durante el trayecto que recuerdo ver a P metido en su saco de dormir sentado en la parte de detrás de la camper. Nuestro próximo destino era Akureyri, también denominada como la capital del norte por ser la segunda más poblada del país. Se trata de una ciudad pesquera compuesta por las típicas edificaciones nórdicas de paredes rojas, azules o verdes con tejados blancos.

La idea era seguir hasta un pueblo en los fiordos del este, pero nos propusieron hacer 100 km más para llegar antes a Reykjavik ya que el sábado partía nuestro vuelo. Decidimos seguir su plan y conducir hasta que estuviéramos cansados y entonces buscar un camping. Durante el trayecto fuimos haciendo paradas en los curiosos pueblecitos costeros, mayoritariamente compuestos por un salteado de 5 o 6 casitas.

A eso de las seis de la tarde, decidimos que era hora de buscar alojamiento. Encontramos que había un camping cerca de nuestra localización y fuimos allí. Al llegar no pudimos más que echarnos a reír. Sí, en algún momento hubo un camping, ahora parecía más bien un escenario de película de miedo de serie B. P e I se acercaron a un edificio a preguntar, parecía un colegio. No había nadie. Todo muy extraño. Decidimos ir al siguiente.

Reykholt

Este se situaba en Reykholt y tenía buena pinta, muy cerca de las aguas termales, por lo que todo el pueblo usaba la energía geotérmica para su beneficio. En el camping había un par de viajeros más: una pareja argentina, un grupo de jóvenes americanos y otro grupo de jubilados islandeses. Este último grupo era muy curioso, estaba formado por dos parejas mayores y con ligero sobrepeso, que viajaban en convoy con dos campers equipadas con todo tipo de lujos.

Perdimos el tapón de la gasolina de la camper, escribimos a los de kukú, pero no nos cargaron nada ni nos dijeron nada mas… Estábamos reventados de conducir, pero no hay nada mejor que una ducha caliente con una manguera en el cobertizo cochombroso de un camping islandés para solucionarlo. Así que, una vez limpios y calientes, procedimos a ir al comedor a beber un par de cervezas.

 

Auroras boreales

Me acuerdo que esa noche hablamos durante horas con nuestros amigos, sobre todo lo imaginable. Bebimos y reímos. Cuando ya estábamos a punto de rendirnos al sueño, uno de los islandeses del convoy de campers comentó que estaba comenzando la aurora boreal. Salimos en tropel a observar los cielos. Al principio no se veía nada, pero poco a poco una especie de nube fue expandiéndose hasta formar un blanco de arcoíris en pleno cielo nocturno. Y así de pronto, comenzó a ondearse y a tomar un tono verdoso. Menos mal que la cantidad de alcohol que corría por nuestras venas nos impidió notar el frío, porque realmente hacía menos muchos grados. Acabamos llorando y abrazándonos  unos a otros. P gritaba: ¡EL PUTO CIELO! Y Pe decía que parecía una vagina.

Los encontramos gritando: ¡COBRAAAS! en nuestra camper. En fin, no me acuerdo muy bien cómo, pero conseguimos ir a dormir. Esa noche no notamos el frío, pero el resfriado nos lo llevamos de recuerdo.

RUTA POR ISLANDIA – PARTE 7

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*He leído y acepto la política de protección de datos y privacidad

*I have read and agree with terms and conditions and privacy policy